Es claro que la forma de gobierno tiene su legitimación en el origen del poder y la determinación del fin. Tratándose de democracias representativas, hay dos grandes manifestaciones: Gobierno presidencialista y Gobierno parlamentario. En las repúblicas, el origen del poder reside en el pueblo, como titular de la soberanía popular y el fin legitimador es ponerlo al servicio del bien común.

Dentro de una República, tanto los gobiernos presidenciales como los parlamentarios, pueden ser eficientes, pero el tejido social de un Estado puede elegir el que más le convenga en el marco de un diálogo para definir su entorno democrático. En esa decisión jugarán factores históricos, sociológicos, pragmáticos, el mimetismo político y otros aspectos de tipo cultural.

La diferencia esencial del sistema presidencial es que en él la función del gobierno recae sobre el presidente, lo que resulta electo de manera directa por el pueblo. En el parlamentario, quien elige al Ejecutivo es el Parlamento, vale decir, la mayoría parlamentaria de un partido o de una coalición de partidos. El ejecutivo en el sistema parlamentario lo personifica el Jefe de Gobierno o Primer Ministro, que suele ser el diputado Jefe del Partido ganador en las elecciones parlamentarias. En todo caso, es el pueblo quien elige a los diputados al parlamento. Y el Gobierno electo depende de la confianza del Parlamento.

En el régimen parlamentario, se piensa fundamentalmente en el problema de la continuidad y estabilidad del Gobierno el cual, al estar expuesto a una moción de censura o faltarle la confianza del Parlamento, podría verso en la necesidad de dimitir, con riesgo de desencadenar una crisis política

En el sistema parlamentario, la figura del Presidente de la República asume la característica del Jefe de Estado con funciones puntuales, limitadas y ceremoniales, por lo cual a nadie le preocupa su posible reelección; La situación muy distinta es del Jefe de Gobierno o Primer Ministro, quien corresponde al país con todas las facultades, poderes y prerrogativas que actualmente corresponden al Presidente de la República.

En el marco del diálogo que ha sido convocado en Honduras, no debería excluir un debate sobre las virtudes y desventajas que ofrecen las dos modalidades de democracia representativa.

Podría pensarse para hacer la transición de un gobierno presidencialista a uno parlamentario, podría que convocar a una asamblea nacional constituyente. Yo no creo que sea absolutamente necesario, en cuestión a los artículos pétreos de nuestra Constitución son muy limitados. Todos los demás pueden reformarse o transferirse a una nueva magistratura –la del Presidente del Gobierno– por el procedimiento normal de dos legislaturas consecutivas con los dos tercios de la totalidad de los miembros del Congreso.Las víctimas a este mecanismo pueden fácilmente resolverse por la vía de un plebiscito, en lugar de una asamblea constituyente, que supondría una pesada carga financiera convocarla y soportarla por un año o más y, en el mejor de los casos, su producto sería muy similar a lo que actualmente tenemos.

En el sistema parlamentario, las elecciones operacionales en general basadas en el régimen de partidos. El líder del partido encabeza la lista de candidatos a diputados. Si obtiene mayor de su propia bancada o en coalición, el Parlamento le encomienda la formación de Gobierno.

Ya hemos expresado que nuestra Constitución respeta, protege y defiende los derechos y garantías fundamentales de los habitantes de la República. Si acaso un día fuéramos a una asamblea constituyente, como la piden algunas voces, cuyos fines no están claros, más que el tipo de democracia representativa que se establezca o mantenga, aspecto fundamental es también la parte dogmática, en el sentido de una nueva carta fundamental no nos despoje de los derechos y garantías que ya disfrutamos. Además, conviene valorar los exabruptos que escuchamos durante la pasada elección de un ex candidato que dijo querer terminar con el país y que viniera una potencia extranjera a conquistarlo. Se desconoce a un candidato potencia conquistadora se refería el ex candidato presidencial,

Al aproximarnos al bicentenario de nuestra independencia política, todos los hondureños debemos estar alertas de no poner en riesgo la soberanía popular y nuestra soberanía nacional. El verdadero valor de las libertades solo se aprecian cuando se pierden.

Tegucigalpa, MDC, 07 de enero de 2017.

Por: Carlos López Contreras